Go Fuck Yourself

Que te jodan.

Aquí estoy. Aquí, en la puta barra otra vez. En la puta barra y sólo me quedan un dólar y quince centavos. Se me ha curado la mano. El boquete que dejó ese cigarrillo en la palma se ha convertido en una costra blanca que se seca por momentos. Me quemé por amor, ¿sabes? Pero no te creas que soy uno de esos gilipollas que se joden la vida por una mujer. No, ya no. Lo hice porque me quiero. Quiero despertarme una mañana con el cerebro tan jodido por el alcohol que no sepa donde coño estoy. Quiero despertarme con las neuronas muertas y no saber quien coño es el tipo del espejo ni como llegó allí. Y mirarme. Y mirar la herida de la mano y pensar “Coño, ese soy yo. El capullo de la herida en la mano”. Porque eso es lo que siempre he sido, joder. Una puta herida fea e infectada en la mano de un pianista. Un mojón negro, inmenso y duro sobre un váter de un blanco brillante.

– CÁLLATE LA PUTA BOCA, COÑO. SI NO SABES BEBER NO VENGAS A UN PUTO BAR, A MÍ PUTO BAR, A TOCARME LOS COJONES.

Voy a tener que partirte la boca, gilipollas. Si te lanzó un directo darás un paso atrás y me iré a la mierda. Tal vez te parta una jarra en la cabeza. Seguro que esa no la sabes parar, jodido cabrón. Y después te meteré la polla, le meteré la polla por el culo a esa fulana fea de pelo teñido a la que te follas. Esta mal que solo tu te folles a tu hermanita, deberías compartirla con los amigos.

– PUTO VIEJO DE MIERDA, TE VOY A MATAR.

Un tipo calvo, duro, chaleco vaquero, camiseta negra, brazos inmensos, tatuados, barba recortada cerrándose en la perilla, mala hostia, mucha mala ostia, pantalones vaqueros, cadenas, botas de cuero, punta de acero, manos grandes, anillos. Una zorrita rubia trata de frenarle. “No, Curt, no, cojones, párate, van a llevar tu culo a la cárcel, de nuevo, CURT, ostias, no hagas el imbécil, CURT.”  Un billar, tres luces sobre el tapete verde, la bola negra en la boca de la tronera superior derecha,  un palo de billar, el cabreo del tipo calvo, Curt, la zorra gritando, los ZZ Top en una radio lejana, bolas de colores esparcidas sobre la mesa de billar, el palo cogido con dos manos por la punta, un tipo con aspecto de indio fuma y mira, otro grande como un oso quiere pelear, Curt, palo de billar, batea hacia las costillas, jarra de cristal, cerveza en el aire, zorra gritando, CURT, el indio da un paso, jarra de cristal haciéndose añicos sobre una cabeza calva, palo de billar en el suelo, mole de músculos en el suelo,  el viejo ríe, la zorra grita, el oso avanza, el indio comienza a andar.

Venid gilipollas. Venid. Nos os quedéis ahí, venid. COJONES, VENID. No tenéis huevos, os faltan cojones para jugar con el viejo. Me voy a follar vuestros culos, maricones de mierda. Dame una jarra. DAME OTRA PUTA JARRA YA

Jarra de cerveza, trago, líquido frío regando la garganta, miradas, oso en primer plano, decidido, zorra abrazando un cuerpo, manos ensangrentadas, cristales, oso, puño de derecho, furia, mirada a los ojos, carga  su brazo, disparo, disparo de una escopeta, impacta en el hombro, indio gélido.

– Vosotros, payasos, largaros de aquí y dejad que este tipo se tome su cerveza o tendré que volaros los huevos. Coged al grandullón y a la fulana y sacadlos antes de que llegue el sheriff.

Trago de cerveza. Gracias, Jimbo. Eres de los que no quedan. Jarra sobre la barra, saca un cigarro de la caja que guarda en su bolsillo derecho, toma un mechero, enciende el cigarro, aspira con fuerza, y ríe.

– Ya no tienes carne para duelos, viejo

Entonces tendré que hacer la maleta para el infierno antes de que se me seque el pellejo. Sonido de motores fuera del bar, tres motos se alejan, sirenas que se acercan, calada profunda, trago de cerveza.

 

 

Anuncios

YO

YO,
deseo,
añoranza,
llanto,
ansia.
Todo él,
cambio.

Ver, también.
Ver manos golpeando heridas abiertas,
cicatrices que se cierran.

Sentir,
sentir la vida impactando en la carne,
la devastación a su paso,
sabiduría que germina en nuestros campos.

Morir,
en cada momento,
para ser siendo más.
Dejando todo atrás al marchar.
Abandonar el deseo al desear,
liberándonos de las prendas arácnidas
danzando desnudos en las estelas del telar.

Llorar por las lágrimas vertidas,
celebrando adioses a todo lo que te fue entregado,
para esperar más de aquello que abrazaste
al dejar la angustia de aquellos mundos
que con tus brazos pretendiste abarcar.

Mutar en el ser infinito,
transmutar la esencia en plenitud,
quebrando nuestros universos
para sembrar el firmamento
con las estrellas que conforman
las piezas de nuestro ser.

Esparcirse por el todo,
sintiendo la brecha vital que nos escinde
quebrando la presa que nos constriñó.

Avanzar mientras nos desgajamos las carnes
para abrazar al no ser de la existencia,
sumergiéndonos en aquello que siempre fuimos
cuando creímos ser.

Sobre los designios de Jah

Llevo tiempo sin aparecer por aquí. Sin dar la cara como escritor , como persona, limitándome a lanzar pobres misivas en forma de textos para no dejar a la vista ciertas realidades que se alargan como sombras al atardecer. Algún día os seguiré contando mi historia (Esa a la que castre cuando comenzaba a tomar forma) pero de momento no quiero abusar de vuestra confianza ni ofreceros abiertamente la mía. La persona dentro del escritor que plasma los textos suele guardar historias que ni el mismo puede soportar, las cuales guarda esperando a que los ácidos de la experiencia las digieran dejándolas de una vez fluir por su venas y por su pluma. Puede que sea así.

Hoy quería tomar unos minutos para hablar conmigo mismo a la vista de todos los que paréis por aquí. Quería recordar a una persona de la que creía que me había olvidado hasta que esta mañana me confirmaron la sospecha de que había fallecido. Su nombre no es relevante en este escueto obituario. No creo si quiera que el hubiera recordado el mio después de tantos años sin cruzar una palabra. Su vida y lo que rondara por su cabeza no fueron nunca de mi particular interés por ello los detalles al respecto de su paso por la existencia también quedarán exentos de aparecer en estas líneas. ¿Y porqué entonces dedicarle un adiós a un total desconocido? Porque, tanto él como yo y como otros muchos que vivimos los primeros años de un violento siglo XxI, compartíamos algo en común. Una esquina en un callejón que abraza la parte trasera de un centro comercial ruinoso que se sostiene gracias a tres  o cuatro pequeños comercios de poca monta, una farmacia y un restaurante chino. Allí, a espaldas de la policía,  dedicábamos las tardes a quemar nuestros mundos con hachís y cerveza.  Allí no eramos nadie, allí no fuimos nadie. Solo historias que se perdían en el humo que cubría el callejón.

Y el tiempo pasó volviéndonos más locos, más viejos, más desesperados y más tristes. No había nada por lo que luchar y el trocito de cielo que se dejaba entrever cuando nos tumbábamos sobre el pavimento frío no bastaba para que algún sueño alzara el vuelo. Poco a poco crecimos para darnos cuenta de lo pequeños que eramos ante la vasta inmensidad que suponía el mundo que creíamos dominar.  Algunos decidimos huir para tratar de abarcar todo eso que se mostraba ante nuestros ojos. Otros abandonaron el callejón pero siguieron llevándolo consigo allá donde fueran. Dejamos de hablar, nos perdimos y el tiempo disipó el humo que cubría la historia del callejón, disolviendo con él las historias que escribimos en el pavimento.

Cuatro años después de que todo aquello despareciera, él fumaba entre las paredes de su cuarto. Con el, dos o tres personas más. Sus padres dormían en la habitación de al lado. La brisa pesada que dejó lo que fuera que fumaran les llevó a comer lo que tenían a mano. Una corteza de cerdo bajó por su garganta y encalló en su esófago. Toses, estertores, y un adiós. No tengo detalles de como aconteció pero aquellos padres amanecieron sin un hijo. Desde ese momento, las cuatro paredes que le cobijaron en sus últimos minutos se volvieron un templo a su alma y aquellos que vivieron con el esos últimos momentos siguen volviendo allí para extasiarse  en compañía del alma del amigo que perdieron. Yo no le conocía y me siento obsceno al tratar en abierto un hecho por el que muchos han sufrido y por el que a mi me cuesta inmutarme. Pero me siento obligado y quiero hacerlo porque tanto él como yo vivimos el comienzo de una nueva era  y ambos  compartimos el mismo pedacito de cielo cuando aún nos creíamos eternos. Puede que, esté donde esté, no sepa ni quien esta  detrás de estas líneas pero esa idea no me desalienta a la hora de decirle adiós.

Allí donde estés, de parte del chaval rubio que se ponía ciego en un rincón del callejón, espero que hayas encontrado paz y liberación.

Adiós.