Sobre Giovanni y su zorra.

¡Qué cojones! Eres una cualquiera.- Y lo era. Con su aspecto de vagabunda paseando un saco de pretensiones, irremediablemente, lo era.

Eres un gilipollas. Me has estado desnudando desde que entré por la puerta.-  Sólo para tratar de descubrir un rastro de feminidad debajo de toda esa miseria.

Bueno, ¿entonces vas  a seguir intentando follarte a Giovanni o qué?- Di una calada y eché un vistazo a sus pechos. Pequeños, flácidos y de baja calidad.

¿Y a ti que cojones te importa?- Expulsé el humo. Era de esas mujeres  a las que ni la desnudez podía salvar de su propia mediocridad. Sus pezones oscuros se marcaban debajo de su blusa resaltando como los ojitos negros de un oso polar entre el pelaje.

¿Sabes? Él es un buen tío. No creo que vaya a bajarte las bragas aunque necesite un polvo sobre todas las cosas.- Giovanni era de esos tipos a los que la bondad había convertido en estúpidos y nunca había sido capaz de sumergirse en una vagina que no amara.

¿Y tú que vas a saber? Los hombres no se me resisten.- Noté por el roce de sus rodillas como abría sus piernas por debajo de la mesa, Su falda, abierta, dejaba escapar el sonido de una bestia húmeda y peluda que rugía hambrienta a la espera de una buena polla.

Giovanni es de esos que se enamoran. Tu estas demasiado ocupada calentado pollas como para poder enamorar a alguien.- Y no me equivocaba. Giovanni es de esa clase de locos incapaces de procrear a no ser que den con una mujer tan loca como ellos. >Esta mujer no era para él. Tal vez para un alcohólico, un maltratador, un zumbado o un escritor de mierda como yo, pero no para el pobre Giovanni.

Nene, me gusta el sexo y él es un hombre. A vosotros os gusta más el sexo que a un tonto un lápiz.- La pena para ella es que el tonto de Giovanni estaba esta vez en el bando de los listos. Notaba su vagina a unos centímetros de mi rodilla. Saqué el pie derecho del botín de cuero y lo subí con discreción por sus piernas.

¿Ves? No podéis evitar querer meterme el rabo.- Sonreía. Su coño hervía y se derramaba sobre mis calcetines. La muy puta se había dejado las bragas en casa.

Tengo media hora. Vamos al baño.- Dije mientras devolvía mi pie, ahora húmedo, al botín y me levantaba de la silla. El tonto de Giovanni estaría riéndose de mí como un estúpido desde la tribuna de los listos.

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4 comentarios en “Sobre Giovanni y su zorra.

  1. Yo alguna vez fui de los listos que comentas, y no diré que dejé escapar muchos polvazos, porque la verdad es que no fueron muchos, pero fueron los suficientes como para que mis colegas pensasen que efectivamente, era un completo imbécil.

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    • He visto las dos caras de la moneda en mis propias carnes, de ahí la neutralidad implícita en el texto. No por follar haces bien ni por esperar haces mal. Todo es correcto si conoces y aceptas la postura que te decidas a tomar.

      Espero que te haya gustado el texto y gracias por tu comentario.
      Un abrazo.

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  2. Me gusta el texto, nene. Y estoy de acuerdo con tu comentario. Siempre he defendido mucho eso de la libertad follatil, y por eso, unas veces he aprovechado las ocasiones y otras no. Libertad follatil, y de todo tipo, es eso, conocer las consecuencias y actuar con responsabilidad.

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